Musas irreemplazables
Capítulo I: Luna Mora Figueroa
Es curioso como con mis 20 años recién cumplidos y quedándose tantísimo por aprender, tenga ya asimilado, casi de forma innata, la importancia de apreciar y amar con profundidad, -aun que sea hacia mis adentros-, todo elemento que aparezca en la pantallita del pinnacles studio (o programa de edición de vídeo sucedáneo) cuando estoy montando mi corto/mediometraje. Y el elemento que mas he acabado apreciando es a mis actrices, si, actrices, el universo femenino es el primero por el que vaga la mirada del creador sin límite, que, con o sin éxito, trata de cargar sus historias de una sensibilidad desgarradora. Sin conseguir trasladar ese aprecio al cara a cara (dirigir a actores es una tarea que no se llega a dominar ni con décadas de experiencia) siempre trataba de cuidar al máximo la imagen femenina proyectada, lamentablemente con menos éxito del que debiera.
Como buen principiante, aun que por otra parte tampoco estoy seguro de que sea un método tan desastroso, estoy acostumbrado a escribir los personajes pensando en el actor u actriz que va a interpretarlo. A menudo, de mi conocimiento de los matices, del carácter y de la personalidad de mis musas, han nacido los personajes de los que me siento más orgulloso. En mis historias, los personajes femeninos están siempre cargados de una profundidad muy compleja; emociones, caracteres, elementos abstractos que a menudo ni yo mismo sé comprender, pero que con una sola mirada, mis actrices han sabido transmitir.
Hoy os voy a hablar de una de ellas, Luna Mora Figueroa.
Tiene un gesto oscuro que hechiza, una dualidad de fuerza y ternura que no sabría aprovechar cualquiera.
Con ella he he podido colaborar en cuatro ocasiones. Encarnó a una esposa atormentada por la profesión de su marido en El Paraíso (Diciembre de 2009), a una líder mafiosa cruel, carismática, sensual y despiadada a partes iguales en Las mujeres que le hicieron daño a los hombres (Febrero 2010), una pequeña intervención como la voz de la conciencia en La Bailarina (Agosto 2010), y a una asesina a sueldo con un profundo sentimiento de culpa con respecto a su trabajo en Cuba (Agosto 2010).
A pesar de estar desarrollando muy deprisa la madurez escénica de una actriz profesional, Luna conserva una timidez encantadora, yo se lo noto sobre todo cuando no nos muestra del todo su larga sonrisa, y como en esta foto, a pesar de estar estupenda, solo nos concede parte de ella.
Luna es una cantante excepcional, una bailarina con una técnica ecléctica, orgánica y visceral, y una actriz de las que no necesitan abrir la boca para hacer que se nos pare el corazón. Posee una belleza sutil hasta límites que rara vez se aprecian a simple vista, sustentada en unos ojos profundos, unos labios que fruncidos quitan la respiración , pero sobre todo, un pelo largo y precioso, y una tez blanca que le proporciona un aire delicado y angelical. Para Luna siempre he reservado los primerísimos primeros planos más intensos, más expresivos, me ahorra muchísimo trabajo, porque cuando Luna está sobre la pantalla, las palabras sobran.
Aun que yo pienso que es una drama de suspense intrincado con interpretaciones brillantes, Cuba (Agosto 2010) está considerada por una gran mayoría como lo peor que he hecho hasta ahora, y aun que, repito, incluye interpretaciones muy notables de Ana Marien Enríquez, Sahy Pedrero y María Medina, la que me hechiza irremediablemente es Luna, me duele decirlo, pero fue prácticamente por la secuencia final por lo que renuncié a mi idea de ni siquiera estrenar esta segunda parte de mi Trilogía de los Veinticinco Minutos. Una vez más Luna volvió a suplir mis carencias como realizador, una vez más supo aprovechar un personaje que en un principio puede parecer poco importante, para conmovernos con su talento superdotado.
Es curioso, creo que disfruto más de Luna viéndola sobre la pantalla que en persona, espero que no se ofenda, pero con respecto a estos temas soy un mitómato enfermizo que roza la locura, y cuando veo a Luna veo a una chica que conozco desde los 15 años (lo que significa muchas cosas, nostalgia, sentimientos encontrados) pero cuando veo a Luna en pantalla, veo a una gran estrella que en ese momento está permitiendo que su mirada forme parte de mi cine, a una grandísima mujer que va a llegar muy lejos, a una trabajadora cuyo amor por el cine y el teatro la aleja de los excesos de la vanidad volcándose al cien por cien por todo proyecto en el que participa.
Sabe reírse de sí misma, tiene un ácido sentido del humor, -en ocasiones algo cruel-, con el que nos demuestra su perspicacia y su inteligencia, y cuando una actriz sabe reírse de sí misma, es capaz de renunciar a su belleza natural para transformarse en todo tipo de personajes, lo cuál es algo que no se encuentra fácilmente.
Bueno, ya he dicho demasiado, no voy a seguir, que no quiero que se me confíe,
que todavía puede crecer muchísimo.
Víctor Castilla
26 de Junio de 2011, 07:13 H.






